Más palabras que resultados: cuando la extensión del discurso se aleja de las realizaciones reales
El discurso de rendición de cuentas del presidente Luis Abinader, pronunciado el 27 de febrero de 2026 ante la Asamblea Nacional, pasó a la historia por su duración récord de 2 horas y 44 minutos, el más extenso jamás pronunciado por un mandatario dominicano en ese escenario. Superó incluso su propia marca de 2023. Sin embargo, el hecho relevante para la ciudadanía no es el tiempo empleado, sino la distancia entre la narrativa oficial y las realizaciones reales percibidas en la vida cotidiana.
La inflación del tiempo presidencial
La evolución de estos discursos muestra una tendencia clara al alargamiento:
2020: 44 minutos.
2021: 1 hora y 28 minutos.
2023: 2 horas y 36 minutos.
2024: alrededor de 2 horas.
2025: 2 horas y 25 minutos.
2026: 2 horas y 44 minutos.
El aumento progresivo del tiempo sugiere una estrategia basada en la acumulación de información y relato. No obstante, un discurso más largo no equivale a una gestión más efectiva, especialmente cuando los resultados tangibles no se corresponden con la magnitud del mensaje.
Mucho discurso, poco impacto visible
Un informe presidencial de casi tres horas suele estar cargado de cifras, programas, anuncios y promesas. Sin embargo, amplios sectores sociales continúan enfrentando:
Alto costo de la vida y pérdida del poder adquisitivo.
Presiones severas sobre productores y consumidores.
Servicios públicos con mejoras limitadas o desiguales.
Débil impacto del crecimiento económico en los territorios más vulnerables.
Esta brecha entre el discurso y la realidad cotidiana refuerza la percepción de que la rendición de cuentas priorizó el volumen del mensaje sobre la evaluación concreta de resultados.
Lo que debió decirse y no se dijo
En una rendición de cuentas verdaderamente integral, el Presidente debió reconocer aspectos incómodos de su gestión, que forman parte del debate nacional y de la percepción pública:
Que su administración es señalada como el gobierno con la mayor cantidad de personas encarceladas por narcotráfico en la historia reciente del país.
Que bajo su mandato se ha desarrollado lo que distintos sectores consideran el mayor caso de corrupción administrativa conocido, por su alcance institucional, judicial y mediático.
La omisión de estos temas en un discurso récord en duración debilita el ejercicio de transparencia. Reconocerlos no habría debilitado la rendición de cuentas; la habría fortalecido, al colocarla en el terreno de la responsabilidad política y no solo del control del relato.
Rendición de cuentas o rendición de palabras
La rendición de cuentas tiene tres funciones básicas: informar, evaluar y corregir. Cuando se elude la evaluación crítica y se privilegia la enumeración extensa de logros, el acto corre el riesgo de convertirse en una rendición de palabras, donde se administra la narrativa sin asumir plenamente sus costos sociales e institucionales.
Un discurso eficaz no se mide por horas, sino por:
Metas cumplidas frente a las prometidas.
Problemas estructurales resueltos, no solo diagnosticados.
Cambios sostenibles y verificables en la calidad de vida de la población.
Conclusión
El discurso de 2 horas y 44 minutos quedará registrado como un récord de tiempo, pero la legitimidad política no se construye con extensiones históricas ni con abundancia de palabras. Se construye con coherencia entre lo que se dice y lo que la gente vive. Mientras esa coherencia no sea evidente, el tiempo del discurso seguirá estando muy lejos de las realizaciones reales que la ciudadanía espera y exige.
Por: Digno José de los Santos

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