Mujeres en la Cuerda Floja: el Costo Social del Desgobierno en la República Dominicana

 


En la República Dominicana ser mujer hoy significa cargar con el peso de una crisis múltiple: corrupción gubernamental, alto costo de la vida, desempleo, inseguridad, deficiencias educativas, precariedad en el transporte y una alarmante ola de feminicidios. No se trata de percepciones aisladas; es una realidad que golpea el hogar, el trabajo y la salud mental de miles de dominicanas.

La corrupción, el dinero que falta en la mesa, Cada peso desviado por corrupción es un peso menos para políticas públicas con enfoque de   género.  Cuando los recursos destinados a estancias infantiles, programas de emprendimiento femenino o casas de acogida se diluyen en la opacidad, las mujeres sobre todo las jefas de hogar pagan el precio. La corrupción no es un delito abstracto se traduce en menos protección, menos oportunidades y más vulnerabilidad.

 El Alto costo de la vida, la economía del sacrificio femenino el encarecimiento de la canasta básica, la energía y el alquiler impacta con mayor dureza a las mujeres, que históricamente administran el presupuesto del hogar. Muchas son trabajadoras informales, con ingresos inestables y sin seguridad social. La inflación obliga a elegir entre alimentos, medicamentos o transporte escolar. Esa “economía del sacrificio” tiene rostro femenino. 

Desempleo y brecha laboral , Las tasas de desempleo femenino superan las masculinas y la brecha salarial persiste. Las mujeres jóvenes y las madres solteras enfrentan mayores obstáculos para insertarse en empleos formales. Sin guarderías suficientes y con escaso acceso a crédito, el emprendimiento se convierte en una carrera cuesta arriba. La promesa de igualdad laboral sigue siendo una deuda pendiente.

En el actual gobierno la inseguridad y feminicidios, el miedo cotidiano la delincuencia y la violencia de género han convertido el espacio público y, muchas veces, el privado en territorios de riesgo. La persistencia de feminicidios evidencia fallas en prevención, protección y sanción. Las órdenes de alejamiento que no se ejecutan, las denuncias que no prosperan y la falta de acompañamiento psicológico son parte de un sistema que no responde con la urgencia necesaria.

La educación en la actualidad es un  techo de cristal desde la escuela aunque ha habido avances en cobertura, la calidad educativa y la formación técnica con perspectiva de género siguen siendo insuficientes. Muchas adolescentes abandonan la escuela por embarazo precoz o por falta de apoyo social. Sin educación de calidad, se perpetúa el ciclo de pobreza y dependencia económica.

El transporte público inseguro y deficiente afecta la movilidad femenina. El acoso en rutas y paradas, los largos tiempos de traslado y el costo del pasaje limitan el acceso al trabajo y al estudio. Una ciudad que no garantiza movilidad segura restringe la libertad de las mujeres.

La Salud mental la crisis más silenciosa La suma de precariedad económica, violencia e incertidumbre impacta directamente la salud mental de las mujeres.  Ansiedad, depresión y agotamiento crónico son cada vez más frecuentes, pero el acceso a servicios psicológicos públicos es limitado por no decir nulo para las mujeres. La carga de cuidados, niños, envejecientes, enfermos recae mayormente en las mujeres, sin redes suficientes de apoyo estatal.

Con presupuesto No es suficiente con discursos ni con estadísticas maquilladas. Las mujeres dominicanas necesitan acciones concretas, presupuesto ejecutado con transparencia y voluntad política sostenida. Cuando un gobierno falla en proteger y promover los derechos de más de la mitad de su población QUE SON LAS MUJERES , no solo traiciona un mandato, compromete el futuro del país.

En el día de hoy el presidente Luis Abinader Hablo sobre. Igualdad de género como política de Estado y yo le digo al honorable presidente de la republica

QUE SU DISCURSO NO PROTEGE A LAS MUJERES, LAS PROTEGEN LOS HECHOS

El presidente Luis Abinader habló de igualdad de género, de lucha contra la violencia, de autonomía económica y de protección. Pero el país real no vive en el Palacio, vive en los barrios, en los campos y en las calles donde las mujeres siguen cayendo víctimas de un sistema que no las protege.

Decir que existe una “política de Estado” en favor de las mujeres es una afirmación grave cuando los feminicidios continúan, a diario matan una mujer, cuando las órdenes de alejamiento no se cumplen, cuando las víctimas denuncian y luego quedan desamparadas, las casas de acogida a punto de desaparecer. Las estadísticas pueden adornarse; la sangre derramada de las mujeres no.

Hablar de transformación cultural mientras cada semana una familia entierra a una mujer asesinada es una contradicción dolorosa. Si realmente se estuvieran transformando los patrones culturales, estaríamos viendo una reducción contundente de la violencia, no discursos repetidos cada 27 de febrero, donde el chiste  es el discurso principal.

Sobre los embarazos adolescentes, la realidad es que miles de jóvenes siguen atrapadas en ciclos de pobreza y exclusión. No basta con mencionar el tema en la rendición de cuentas; se necesitan políticas sostenidas, inversión real en educación integral y oportunidades concretas. De lo contrario, es retórica.

Y cuando se habla de inserción laboral femenina, se omite una verdad incómoda: la mayoría de esas mujeres están en empleos precarios, en la informalidad o con salarios que no alcanzan para sostener dignamente a sus familias. Autonomía económica no es tener cualquier empleo; la discriminación de empleo por su edad, es tener condiciones justas, seguridad social y equidad salarial.

La mujer dominicana no necesita aplausos oficiales, ni chistes, ni frases esperanzadoras. Necesita:

Protección efectiva, no protocolos que se quedan en papel.

Justicia rápida, no expedientes que duermen en tribunales.

Empleo digno, no estadísticas infladas.

Discriminación y falta de oportunidades de empleo por su edad.

Presupuesto real, no promesas recicladas.

El gobierno puede construir un relato, pero la realidad social lo desmiente todos los días.

La igualdad no se proclama en un discurso.

La igualdad se demuestra en la vida cotidiana de cada mujer dominicana.

Y hoy, lamentablemente, esa igualdad sigue siendo una deuda pendiente. Presidente Luis Abinader hoy las mujeres dominicanas le dicen que:

 “la igualdad no se anuncia en un podio; se demuestra en la vida segura y digna de cada mujer dominicana.”

“Menos estadísticas y más resultados: las mujeres no necesitan discursos, necesitan protección real.”

 “Si la igualdad fuera una realidad, no estaríamos contando víctimas cada día de la semana.”

 “El país que usted describe no es el mismo que viven las mujeres en los barrios y comunidades.”

  “La esperanza no se decreta, se construye con justicia, presupuesto y voluntad política.”

Hoy concluyo diciéndole  que:

“Las mujeres no lloran por debilidad, lloran por la impotencia de un sistema que no las escucha.”

MERCEDES ROA,M.A





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